
Esto escribí cuando murió mi abuela:
ENRIETTE PILLAR VIUDAD DE VILLALBA ( Q.E.P.D.)
El pasado jueves 25 de marzo murió Abuena Yeti: Enriette Pillat Viuda de Villalba a la edad de 78 años. Nació un 19 de febrero de 1.921 en Checoslovaquia.
Cuando niña tuvo que viajar en compañía de sus padres a Sudamérica porque la guerra amenazaba la integridad en su país. Siempre recordaba el viaje en un barco grande cruzando el mar, a los peces voladores y los postres de primera clase, que los chicos traviesos solían pedir a los mozos para que éstos le conviden “ un poquito”. Se asentaron en las Colonias Unidas y empezaron el trabajo fuerte en el campo con la agricultura y la granja.
Cuando Yeti cumplió 22 años, apareció un apuesto jóven paraguayo , morocho y galán, de sonrisa franca y de carácter apasible que, con sutileza y amor único conquista el corazón de Enriette.
Los padres se niegan a aceptar ése amor desigual. El color y el apellido no coincidía con los designios , caprichos e imposiciones frecuentes en la época.
Pero el amor todo lo puede y todo lo consigue. Para concretar y posibilitar la unión a que todos se oponen, huyen a El Dorado Argentina. Siempre comentaba Yeti: “ Críspulo le dio unos billetes al gendarme argentino para que nos deje pasar sin inconvenientes”. Así se constituye una pareja en el amor que daría más tarde 4 hijos: Nené, Mario, Cristina y Esther.
Compañera fiel de Críspulo y gran amor maternal con el que crió a sus hijos en la fé de Dios .A pesar de las limitaciones económicas exitentes logró proyectar , con energías altruistas, una familia de unión y comprensión.
Ya jóvenes sus hijos, tenemos comentarios que Yeti era muy apreciada por sus cualidades culinarias, especialmente con referencia a los platos dulces, cocinando para delicia de la familia y amigos cercanos los sabrosos pan dulces ( kuhen ) de ricota, de frutilla, de uva, de durazno, y sus famosas medialunas que hacía con esmero y dedicación.
Compañera fiel de Críspulo. Compañera de hermosos y radiantes días, como así también de los grises momentos. Críspulo, el peluquero más renombrado, Críspulo, una persona que por su carisma y postura era muy querido y valorado. Críspulo se sentía apoyado y vitalmente acompañado por su consorte.
Siestas de tereré en la peluquería.
Los asados a la parrilla los domingos con la radio casetera prendida con las polcas y los temas mejicanos o la radio a todo volumen, son momentos imborrables.
Los tallarines de pollo casero de la abuela. Abuelo me decía: “decíle que está rico porque ella se va a poner contenta”.
Las despedidas de abuelo cuando tenía que irse a Asunción, de la que fui testigo en varias oportunidades cuando se daban un fuerte beso en los labios que evidenciaba su amor jovial.
Las orquídeas eran pasión de Yeti. Su vivero que merecía su espacio y su momento de dedicación diario.
Probablemente el Mal de Alzheimer fue el cruel motivo que día a día le hacía más especial a la querida abuela. A veces se olvidaba algunas cosas que le impacientaban y no le dejaban tranquila. Buscaba con preocupación a sus hijos, esperaba ansiosa a su difunto esposo a almorzar, empacaba presurosa sus cosas para la mudanza.
Pero siempre, siempre demostró un grandioso afecto, un ejemplar amor y un incontable sentimiento maternal que rodeó su vida.
Ese ejemplar amor fue asimilado por su hija que le brindó el mismo amor. Mamá, Doña Esther, fue la que absorbió con responsabilidad el compromiso de acompañar y atender a su madre hasta el último momento y sin decaer en ninguna situación, acompañada muy de cerca por sus hermanos y hermana. Era su hija Esthercita la que compartió los mates de la siesta, los atardeceres de tensión y preocupación que rodearon los últimos años de vida de la Abuela. Era Esthercita, sin dudas, su mejor amiga y su mejor compañera
Siempre reconoció como Jefe Familiar a Papá, Don Eugenio, o “Eugen” como le decía cariñosamente con gran respeto y reconocimiento que demostraba gratitud por todo.
“Un hombre hecho y derecho”, “ no vayas a ser tan gordo, hay que comer siempre solamente la mitad” me decía con frecuencia.
“Que lindo trigueño, muy parecido a Crispulo” solía decir por Christian.
“ La única nena” por Ana. Y ¿ El varoncito ? o Die kleine , cariñosamente preguntaba por Enrique.
Siempre una risa, un saludo, un apretón de manos, un beso, una muestra de cariño que siempre exteriorizó.
Otro dato de su carácter fue que ella no quería ser una molestia. Hasta cuando pudo, trató de generar algún recurso, que le sirviera para sus gastitos.
Ahora nos queda el recuerdo de una mujer que vivió en el amor, que hasta sus últimas horas brindaba besos como agradeciendo por todo, que nos regaló su humor , su alegría y su cariño.
Ahora nos queda el recuerdo de una mujer dinámica, laboriosa y sacrificada.
Ahora nos queda el ejemplo de una madre buena y amorosa.
Ahora nos queda no solamente su recuerdo.
Ahora nos queda el consuelo de su descanso en el cielo junto a abuelo.
Ahora sabemos que desde el cielo nos protegerán y guiarán.
Que descancen en Paz: Yeti y Crispulo.
29/03/1999
Javier Hahn